¿POR QUÉ TODOS TUS AMIGOS SON DEL COLECTIVO?

Hay personas LGTBIQ+ que recuerdan perfectamente la primera vez que entraron en un espacio donde no eran la única persona del colectivo. No siempre fue un gran acontecimiento. A veces ocurrió en la universidad, en una asociación, en un grupo de amigos o en un bar cualquiera. Lo que muchas describen, sin embargo, es parecido: una sensación inesperada de alivio.

De repente ya no hacía falta medir cada palabra, preguntarse si era seguro hablar de la persona que les gustaba o decidir cuánto de sí mismas podían mostrar. Por primera vez en mucho tiempo, podían simplemente estar.

Ese alivio tiene una explicación psicológica.

Es habitual escuchar frases como «últimamente todos tus amigos son del colectivo» o «parece que solo os juntáis entre vosotros». Detrás de ese comentario suele esconderse la idea de que las personas LGTBIQ+ buscamos relacionarnos únicamente con quienes son como nosotras.

La realidad es bastante más compleja.

Desde la psicología sabemos que muchas personas LGTBIQ+ encuentran en la comunidad algo que durante años les resultó difícil encontrar en otros espacios: comprensión, seguridad, reconocimiento y una sensación de pertenencia. No porque las personas heterosexuales o cisgénero no puedan ofrecer todo eso —muchas lo hacen—, sino porque compartir determinadas experiencias crea una forma de conexión que resulta difícil explicar a quien nunca ha tenido que vivirlas.

Crecer sintiendo que hay una parte de ti que no encaja

La mayoría de las personas LGTBIQ+ crecemos en un mundo donde la heterosexualidad y la cisnormatividad se presentan como lo esperado. Antes incluso de entender quiénes somos, ya aprendemos qué formas de amar o de expresar el género reciben aprobación y cuáles generan silencio, bromas o rechazo.

Muchas personas recuerdan haber escondido sus primeros enamoramientos, haber cambiado la forma de hablar delante de determinadas personas o haber evitado cualquier gesto que pudiera despertar sospechas. Otras crecieron convencidas de que aquello que sentían desaparecería con el tiempo.

Perfeccionismo

No todas las historias son iguales, pero muchas comparten un mismo hilo: durante años hubo una parte de la identidad que no pudo desarrollarse con la misma libertad que la del resto de compañeros.

El modelo de estrés de las minorías

El psicólogo Ilan Meyer propuso el Modelo de Estrés de las Minorías para explicar por qué las personas LGTBIQ+ presentan, de media, mayores niveles de ansiedad, depresión y malestar psicológico que la población heterosexual y cisgénero.

La explicación no está en la orientación sexual ni en la identidad de género. Está en el contexto.

Crecer expuesto al rechazo, a la discriminación o al miedo de ser rechazado supone una carga psicológica constante. A veces el rechazo es evidente. Otras veces adopta formas mucho más sutiles: preguntarte si será seguro hablar de tu pareja, pensar dos veces antes de cogerle la mano o sentir que tendrás que volver a explicar quién eres cada vez que conoces a alguien nuevo.

Ese desgaste cotidiano acaba pasando factura.

La buena noticia es que el propio modelo también identifica factores que amortiguan ese impacto. Uno de los más importantes es el apoyo social.

No todo el apoyo social es igual. Sabemos desde hace décadas que contar con personas en las que apoyarse protege nuestra salud mental. Sin embargo, no todas las formas de apoyo producen el mismo efecto.

Hay experiencias que requieren mucho contexto para ser comprendidas.

Explicar por qué salir del armario no ocurre una sola vez, sino muchas. Contar el miedo que puede dar mostrar afecto en determinados lugares. Hablar de la culpa, del rechazo familiar o de la sensación de haber llegado tarde a muchas experiencias.

Cuando quien escucha también ha recorrido un camino parecido, gran parte de esas explicaciones sobran.

No porque todas las personas LGTBIQ+ vivan exactamente lo mismo, sino porque existe un terreno compartido desde el que resulta más fácil comprenderse.

La importancia de sentir que pertenecemos

El sentido de pertenencia es una necesidad humana básica. Necesitamos sentir que formamos parte de un grupo donde podemos ser aceptados tal y como somos.

Para muchas personas LGTBIQ+, esa experiencia aparece por primera vez cuando encuentran comunidad. No porque todas compartan las mismas ideas, ni la misma forma de vivir su identidad, sino porque desaparece una sensación muy conocida: la de ser la única persona diferente de la habitación.

De pronto ya no hace falta pensar tanto antes de hablar, medir cada palabra o preguntarse cómo reaccionarán los demás.

Puede parecer un cambio pequeño, pero psicológicamente supone un descanso enorme.

La necesidad de ser visto

En psicología afirmativa hablamos a menudo de la importancia de sentirse visto.

No se trata de llamar la atención ni de recibir validación constante. Se trata de algo mucho más sencillo: que alguien vea quién eres sin ponerlo en duda, sin convertirlo en un debate y sin esperar que lo justifiques.

Cuando durante años has aprendido a esconder partes de ti para sentirte seguro, encontrarte con personas para quienes simplemente eres una persona más tiene un efecto profundamente reparador.

La adolescencia que muchas personas no pudimos vivir

Hay algo que aparece con frecuencia en consulta y que muchas personas describen con las mismas palabras: la sensación de haber llegado tarde.

Tarde al primer amor vivido con libertad.

Tarde a hablar sin miedo sobre quién les gustaba.

Tarde a experimentar relaciones que otras personas empezaron a explorar muchos años antes.

Por eso, cuando una persona LGTBIQ+ encuentra comunidad en la universidad, en un grupo de amistades o incluso ya entrada la vida adulta, no es raro que viva experiencias que emocionalmente pertenecían a aquella etapa.

Las primeras conversaciones sobre enamorarse sin filtros.

Las primeras fiestas donde no hace falta vigilar cada gesto.

La primera vez que alguien entiende una historia sin que haya que dar veinte explicaciones.

Más que recuperar el tiempo perdido, muchas personas sienten que, por fin, pueden vivir una parte de sí mismas que llevaba demasiado tiempo esperando un lugar seguro.

Los vínculos también ayudan a reparar

Las relaciones pueden hacernos daño, pero también pueden convertirse en uno de los principales motores de recuperación.

Cuando una persona pasa años recibiendo el mensaje de que hay algo en ella que debe ocultar, necesita experiencias que contradigan esa idea.

Todos tus amigos son del colectivo

Las amistades construidas desde la aceptación no borran el estigma vivido, pero sí ofrecen algo muy valioso: la posibilidad de comprobar, una y otra vez, que mostrarse tal como uno es no pone en peligro el vínculo.

Poco a poco, eso transforma la manera en que muchas personas se relacionan consigo mismas y con los demás.

La comunidad no es una burbuja

A veces se interpreta que las personas LGTBIQ+ nos relacionamos principalmente entre nosotras porque queremos aislarnos del resto del mundo.

Sin embargo, las personas siempre buscamos lugares donde sentirnos seguras.

Las personas migrantes suelen encontrar alivio al compartir experiencias con otras personas migrantes. Quienes conviven con una enfermedad crónica suelen agradecer conocer a personas que entienden de primera mano lo que viven. Con la comunidad LGTBIQ+ ocurre algo parecido.

No se trata de excluir a nadie. Se trata de encontrar espacios donde dejar de estar en alerta.

Entonces, ¿por qué todos tus amigos son del colectivo?

Probablemente porque, además de compartir momentos, compartís una forma de entender experiencias que no siempre han sido fáciles.

Porque con esas personas puedes hablar sin traducir continuamente lo que has vivido.

Porque no tienes que explicar por qué ciertos comentarios duelen, por qué salir del armario nunca termina del todo o por qué un simple gesto de afecto puede sentirse diferente según el lugar donde estés.

Y porque, después de años sintiéndote diferente, encontrar un grupo donde puedes relajarte y ser tú mismo no es un capricho. Es una necesidad profundamente humana.

Desde la psicología afirmativa sabemos que el apoyo social, el sentido de pertenencia y la conexión con la comunidad son algunos de los factores que mejor protegen la salud mental de las personas LGTBIQ+.

Quizá por eso, cuando alguien pregunta por qué tantos de nuestros amigos son del colectivo, la respuesta no tenga tanto que ver con la orientación sexual o la identidad de género como con algo mucho más universal: todos necesitamos lugares donde sentir que, por fin, pertenecemos.

 

Imágenes de Freepik

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